Linya, una Homo sapiens que vivió hace 14.000 años en el nordeste de la península Ibérica

Linya, una Homo sapiens que vivió hace 14.000 años en el nordeste de la península Ibérica

Investigadores del Centro de Estudios del Patrimonio Arqueológico (CEPARQ-UAB) han descubierto en la Cova Gran de Santa Linya los restos de una mujer atribuidos a Homo sapiens, que vivió en el Prepirineo oriental a finales del Paleolítico Superior, hace unos 14.000 años. Los restos prehistóricos de humanos modernos en la península Ibérica son muy escasos. El estudio de "Linya, la mujer de La Noguera", como ha sido denominada, permitirá profundizar en el conocimiento sobre cómo eran y cómo vivieron los cazadores-recolectores del nordeste peninsular.

Linya Homo sapiens
Linya, una Homo sapiens que vivió hace 14.000 años en el nordeste de la península Ibérica. Photo Credits: CEPARQ-UAB

16/06/2021 La Cova Gran (Avellanes-Santa Linya, La Noguera, Lleida) preserva innumerables vestigios enterrados en los sedimentos que la conforman, que permiten reconstruir la historia de los últimos 50.000 años de las gentes que vivieron en el Prepirineo de Lleida, desde los neandertales y los primeros Homo sapiens hasta los primeros agricultores y ganaderos.

El equipo de investigadores del Centro de Estudios del Patrimonio Arqueológico de la Universitat Autònoma de Barcelona (CEPARQ-UAB) que estudia la Cova Gran desde el año 2002 había hallado registros materiales de entre 45.000 y 4.000 años de antigüedad. Pero no se había localizado nunca ningún resto óseo de los individuos que la habitaron. Hasta la campaña del año pasado, en la que hallaron restos óseos que sin duda pertenecían a un esqueleto humano, en conexión anatómica parcial, a dos metros bajo el suelo de una zona lateral de la excavación. Una localización que no presagiaba la aparición de este tipo de restos.

El conjunto de los restos recuperados, que se han dado a conocer hoy, corresponde a una mujer, que ha sido denominada “Linya, la mujer de La Noguera”. Lo forman dos fémures, uno de ellos conectado a la pelvis, así como huesos largos de las extremidades superiores (húmero, radio/cúbito) e inferiores (tibia y peroné), metápodos y falanges dispersas. El cráneo y el esqueleto axial (vértebras y costillas), aunque presentes, están poco representados.

La datación del estrato donde se encontraron los restos y una datación directa sobre uno de los huesos acotan de forma precisa que la mujer murió hace entre 14.350-14.100 años, correspondiendo al Paleolítico Superior Final, a finales del Pleistoceno.

“Los restos de Linya abren una nueva ventana para acercarnos a las circunstancias de su muerte, pero también a su vida y la de sus contemporáneos en la región. Y a la vez son una pieza clave para conocer la anatomía y el patrimonio genético de las poblaciones de cazadores-recolectores del final del Pleistoceno del nordeste de la península Ibérica”, destaca Rafael Mora, Catedrático del Departamento de Prehistoria de la UAB e investigador del CEPARQ. “La combinación de distintas analíticas de orden paleoantropológico, forense, genómico y arqueológico, actualmente en marcha, aportarán indicadores que enriquecerán y corregirán la perspectiva actual de un hallazgo del que disponemos de informaciones preliminares derivadas de la excavación que estamos realizando”.

El estado de conservación de los huesos ha hecho necesario aplicar procesos de estabilización y preservación para los estudios futuros, que se están realizando actualmente en el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES).

Depositados en un receptáculo natural

Los restos se encontraron dentro de un espacio considerado un receptáculo natural, delimitado por varios bloques de grandes dimensiones caídos de la visera del abrigo. Actualmente se está investigando si los huesos de las extremidades fueron desplazados hacia el cubículo, mientras el esqueleto axial y el cráneo permanecerían protegidos bajo uno de estos grandes bloques. Lo que sí han constatado los investigadores es que en este espacio se depositó el cuerpo completo de una persona que, a partir de la disposición de los fémures, reposó directamente sobre el suelo en posición decúbito supino. La primera caracterización paleoantropológica realizada indica que la cintura pélvica corresponde a una mujer adulta, posiblemente de pequeño tamaño.

El cuerpo apareció en la base de una secuencia arqueológica en la que se suceden 7 niveles que contienen abundantes restos líticos, fauna y carbones, que señalan su uso como lugar de vivienda. Pero en el lecho sobre el que se instaló el cuerpo no se han recuperado este tipo de indicadores. Actualmente, el equipo de investigación estudia posibles elementos de ajuar funerario, práctica habitual en los entierros de Homo sapiens. El sedimento del espacio delimitado por los bloques se está muestreando para recuperar microrresiduos que puedan indicar si el cadáver estaba cubierto con pieles o fibras vegetales, que justificarían la intención de depositar el cuerpo sin que sea necesario excavar un espacio funerario.

“No se nos escapa la necesidad de ser cautos a la hora de afirmar que se trata de un entierro intencionado”, señala Jorge Martinez-Moreno, investigador del CEPARQ. “El tratamiento mortuorio entre los cazadores-recolectores señala varias posibilidades, que oscilan entre un entierro intencional, un entierro secundario, una aportación parcial del cuerpo, canibalismo o muerte accidental. Estos escenarios los tendremos que evaluar en función de los resultados que proporcione la excavación del espacio en el que han aparecido los restos”, indica.

La datación por Carbono 14 a partir de fragmentos de carbón de los niveles arqueológicos donde han aparecido los restos indica que el depósito sedimentario se formó en menos de un milenio, hace entre 14.400 y 13.500 años. Explicar las causas de este rápido crecimiento de sedimentos, que se acompaña con el desprendimiento de numerosos bloques masivos de la cornisa, está siendo analizado a partir de la geomorfología y el relleno sedimentario de este sector del abrigo.

Un momento de cambios ecológicos

El intervalo temporal datado apunta a que Linya y las personas que formaron parte su grupo vivieron en un momento climatológicamente crítico. Hace unos 14.700 años, las condiciones climáticas globales extremadamente frías y rigurosas que caracterizaron el Último Máximo Glacial (entre 30.000-15.000 años) viraron de forma repentina en menos de 100 años hacia un nuevo régimen climático similar al actual. Este evento, conocido como oscilación de Bölling/Allerød, entre 14.700 y 12.900 antes del presente, se caracterizó por un aumento de la temperatura y la pluviosidad, que provocó cambios ecológicos relevantes.

Aunque el impacto de este evento sobre el Prepirineo es poco conocido, algunos indicadores recuperados en Cova Gran permiten analizar su incidencia. El estudio de los carbones indica que los grupos humanos que se instalaron durante la Última Glaciación usaron como combustible solo madera del pino de montaña (Pynus sylvestris). En la secuencia que se está excavando actualmente, donde han aparecido los restos de Linya, además de carbones de pino de montaña se identifican nuevos taxones, como enebro (Juniperus), cerezo (Prunus) y espino cerval (Rhamus catharticus/saxatilis), un conjunto arbóreo y arbustivo que evoca unas condiciones climáticas más suaves, distintas al rigor que caracteriza los bosques del Último Máximo Glaciar.

Muy pocos restos de Homo sapiens en la península Ibérica

El descubrimiento de restos humanos en la península Ibérica atribuidos al Paleolítico Superior Final (entre 20.000-12.000 años) es escaso. En este sentido, Cova Gran será clave para conocer mejor cómo eran anatómicamente y de dónde venían las poblaciones de cazadores-recolectores del final del Pleistoceno.

Un estudio paleogenético reciente realizado por el instituto Max Planck sobre los restos recuperados en la Cueva del Mirón (Santander) y Balma Guilanyà (Lleida) indica que la secuenciación del genoma de la llamada Dama Roja del Mirón, de hace 20.000 años, mostraba estrechos vínculos con las poblaciones humanas de Europa Occidental. Una situación que cambia en los restos de Balma Guilanyà, 1.000 años posterior a los restos de Cova Gran, en los que continúan estos marcadores genéticos comunes en las poblaciones europeas, con nuevos indicadores que están presentes en las poblaciones de la península Itálica.

En el intervalo de 20.000-13.000 años el genoma de las poblaciones de los Pirineos registra, pues, contactos entre las poblaciones de las penínsulas mediterráneas. “¿Quizás las nuevas condiciones climáticas del Bölling/Allerød permitieron establecer contactos regulares entre estas zonas geográficas?” se preguntan los investigadores. “Los restos humanos de Cova Gran serán claves para evaluar la solidez de esta interesante intuición”, señalan.

El equipo del CEPARQ está convencido de que el inesperado descubrimiento de Linya permitirá modular las nociones que tenemos sobre la anatomía de aquellos Homo sapiens, “de los que tenemos un conocimiento menos preciso que sobre los neandertales”, apuntan. También, señalar “las causas que llevaron a que apareciera en un espacio configurado por grandes bloques profundizará en el conocimiento sobre los comportamientos y decisiones tomadas por aquella gente ante un hecho trascendente y cotidiano como es el de la muerte: qué tratamiento siguieron aquellos que forman parte de nuestro colectivo, pero que ya no están presentes. Los restos de Linya generan múltiples desafíos, que esperamos poder revelar los próximos años”, concluyen.

La importància arqueològica de la Cova Gran de Santa Linya

La Cova Gran de Santa Linya, descubierta en 2002, es un yacimiento de más de 2.500 metros cuadrados, considerado clave para el estudio de la presencia humana en el nordeste de la península Ibérica.

Es uno de los pocos yacimientos de la región mediterránea en el que se han identificado vestigios de momentos de “transición”, como el de los últimos neandertales (hacia 45.000 años) y la aparición de los primeros humanos modernos (entre 37.000 y 30.000 años), la pervivencia de estos durante el Último Máximo Glaciar (entre 20.000 y 15.000 años) y la aparición de los primeros agricultores y ganaderos (entre 7.000 y 4.000 años).

La investigación que el equipo del CEPARQ-UAB lleva a cabo en la Cova Gran de Santa Linya cuenta con el apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación, el Servicio de Arqueología y Paleontología y el Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña, el Institut d’Estudis Ilerdencs de la Diputación de Lleida, la Fundación Palarq, la Leakey Foundation y el Ayuntamiento de Les Avellanes i Santa Linya.

Notícia Universitat Autònoma de Barcelona.


La economía de los cazadores-recolectores de la costa mediterránea entre el Pleistoceno y el Holoceno también incluía la explotación del medio marino

La economía de los cazadores-recolectores de la costa mediterránea entre el Pleistoceno y el Holoceno también incluía la explotación del medio marino

Pleistoceno Holoceno marino
Mapa con los yacimientos estudiados
Los nuevos descubrimientos y las revisiones de materiales realizadas por un equipo de investigación interinstitucional han confirmado que el contexto económico al final de la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno en la costa mediterránea había sido más rico, más complejo y más variado de lo que se creía hasta ahora. La explotación de los recursos marinos no se limitó a la recolección de moluscos sino que también incluyó la pesca, aunque no se han conservado muchos restos, probablemente porque la preservación de estos tipos de materiales es más delicada o por los mismos hábitos alimentarios de las antiguas poblaciones humanas.
Hasta hace unos años, se conocía poco sobre las características de la economía de los grupos de cazadores-recolectores en el Mediterráneo durante la transición del Pleistoceno (era glaciar, el Paleolítico) en el Holoceno (post-glaciación, el momento en el cual vivimos actualmente). La mayoría de los estudios realizados en la península Ibérica hacían pensar que los lugares de explotación marina se encontraban particularmente en el área cantábrica y atlántica, pero los nuevos datos y estudios aportados por el equipo de investigación permiten cambiar este paradigma.
En el trabajo de investigación y análisis, cuyas conclusiones han sido publicadas en la revista The Journal of Island and Coastal Archaeology, ha participado Dídac Román, investigador doctor de excelencia del Plan Gent de la Generalitat Valenciana en el Departamento de Historia, Geografía y Arte de la Universitat Jaume I y del grupo de investigación Pre-EINA; Miguel Martínez Andreu del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena; Gustay Aguilella del Servicio de Investigaciones Arqueológicas y Prehistóricas de la Diputación de Castellón y Josep Maria Fullola y Jordi Nadal del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas (SERP) de la Universitat de Barcelona.
Los datos recopilados durante la investigación confirman que el uso de los recursos marinos durante el final del Paleolítico y el Mesolítico en la costa ibérica mediterránea era claramente más habitual de lo que se pensaba con los datos hasta ahora existentes. La diferencia respecto a la presencia de menos evidencias que en el caso de las costas cantábrica y atlántica, donde hay catalogados más lugares de cazadores-recolectores-pescadores, podría ser debida a distintas razones: mayor riqueza y diversidad de vida a causa de las corrientes marinas frías, más abundantes en nutrientes; presencia de mareas y otros factores ambientales y mejor preservación de los lugares a lo largo del tiempo (gracias a una plataforma litoral y una costa más abrupta que las protegió de la progresiva inundación del entorno con el deshielo de los polos durante el Holoceno).L’Assut y La Cova a Castellón
En Castellón, los yacimientos estudiados han sido L’Assut (Almassora) y La Cova (La Vall de’Uixò), dos lugares que «habían pasado bastante desapercibidos para la investigación, debido principalmente a que en sus excavaciones no se recuperaron demasiado materiales arqueológicos», explica el investigador de la UJI Dídac Román quien indica que «este hecho había provocado que, incluso, no se conociera con certeza el periodo en el que habían sido ocupados por las poblaciones humanas prehistóricas». Pero a pesar de que los materiales recuperados eran escasos «había un hecho que nos interesaba mucho para nuestras investigaciones, y era el hallazgo de un buen número de restos de caracoles y conchas marinas y de caracoles terrestres», asegura.
«Con estas investigaciones, continúa Román, hemos podido comprobar que el yacimiento de La Cova estuvo ocupado hacia el final del Paleolítico, hace unos 13.000 años, mientras que L’Assut lo estuvo en el Mesolítico, hace unos 10.200 años, y que en ambos yacimientos hubo una explotación de los recursos marinos muy intensa». Además, argumenta el investigador «el yacimiento de l’Assut hace casi un siglo que fue excavado (1924) y por fin, 100 años despuñes, podemos saber con seguridad cuando fue ocupado». El profesor de la UJI también ha resaltado la estrecha colaboración con el Servicio de Arqueología de la Diputación de Castellón «lo que demuestra que las colaboraciones entre las dos instituciones pueden ser muy beneficiosas para la investigación de nuestras comarcas».

Por su parte, el arqueólogo del Servicio de Investigaciones Arqueológicas y Prehistóricas de la Diputación de Castellón, Gustau Aguilella, señala que para el estudio ha sido bastante revelador observar las variaciones en la posición de la costa y su paleotopografía, un aspecto que en algunos casos modifica sensiblemente la percepción sobre estos territorios prehistóricos. En la misma línea ha resaltado también los beneficios de la colaboración entre las diferentes entidades participantes en el estudio y más aún y específicamente entre las de Castellón.10 yacimientos mediterráneos
Los investigadores han analizado restos de 10 yacimientos arqueológicos situados a lo largo de más de 800 kilómetros de la costa mediterránea, desde Tarragona hasta Málaga, en concreto La Cativera, Càmping Salou y Solà d’en Pep (Tarragona); L’Assut y La Cova (Castellón); El Collado (Valencia); Algarrobo, Caballo y La Higuera (Murcia) y Nerja (Málaga). Contrariamente a lo que podría pensarse, los lugares situados en el sur presentan una mayor diversidad de recursos (el más paradigmático es la cueva de Nerja). La razón sería la entrada de aguas procedentes del océano Atlántico, por su proximidad, y prueba de esto es la presencia de especies como L. Obtusata o de climas más fríos como las especies de bacalao M. Aeglefinus o P. Pollachius. El Mediterráneo se considera más pobre biológicamente debido a la salinidad, la temperatura, la falta de nutrientes y mareas imperceptibles.

Generalmente, la explotación de recursos marinos (sobre todo moluscos) suele ir asociada con una explotación de los invertebrados terrestres (pulmonados) y con la presencia también de restos de mamíferos (ciervo, cabra montés y conejos, entre otros). Pero los investigadores han constatado una reducción de los invertebrados terrestres en favor de los recursos marinos según avanza el tiempo. Esta característica se ha podido observar en los lugares que han conservado restos durante largos periodos cronológicos como la cueva de Nerja, o en los lugares estudiados que presentan cronologías más antiguas como Càmping Salou, La Cova, Caballo, Algarrobo y La Higuera. Entre los moluscos estudiados hay erizos de mar (Solà d’en Pep y Nerja), crustáceos (Caballo) y cefalópodos (Nerja), y entre los peces el besugo predomina en lugares con marismas estacionales (El Collado, Caballo y La Higuera), las variedades de bacalao en Nerja y también aves y mamíferos marinos (Monachus y Delphinus) en esta última localización malagueña.
Otro aspecto importante del estudio era evaluar si la ubicación y la explotación podría estar ligada a su proximidad en el mar pero, de acuerdo con los datos obtenidos, en el momento de su ocupación algunos de estos lugares no eran exactamente costeros (La Cova y El Collado, por ejemplo); sus habitantes tuvieron que desplazarse 30 kilómetros para alcanzarse de provisiones.
El equipo de investigación ha empleado datos sobre las fluctuaciones del nivel del mar durante su actividad a finales del Paleolítico y en el Mesolítico para calcular la distancia hasta la costa. Para estimar la distancia se han combinado diferentes modelos digitales del terreno con datos batimétricos, lo que ha permitido simular las diferentes posiciones de la costa en rangos, y concretar si esta se encontraba dentro de las isocronas de 2 horas de los yacimientos, distancia que se considera el territorio habitual donde los cazadores-recolectores realizaban sus actividades habitualmente.
La extensión de la plataforma continental y la forma de la costa ha sido particularmente importante para esta investigación. El sudeste de la península es una zona relativamente escarpada con una pequeña plataforma continental que presenta pronunciadas pendientes a gran profundidad, pero estas características la han protegido de cambios orográficos importantes. En cambio, la zona central (Tarragona, Castellón y Valencia) es completamente diferente. La sedimentación del río Ebro condiciona la existencia de una suave y baja altitud en la costa con una gran plataforma continental que ha visto cambiada considerablemente su orografía a causa de las transgresiones y regresiones marinas.
Dídac Román, Miguel Martínez-Andreu, Gustau Aguilella, Josep Maria Fullola & Jordi Nadal (2020): “Shellfish collectors donde the seashore: The exploitation of the marino environment between the end of the Paleolithic and the Mesolithic in the Mediterranean Iberia”, The Journal of Island and Coastal Archaeology.
tandfonline.com/doi/full/10.1080/15564894.2020.1755395
Noticia Asociación RUVID

 

 

Los nuevos descubrimientos y la revisión de materiales realizados por un equipo de investigación interinstitucional han confirmado que el contexto económico al final de la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno en la costa mediterránea era más rico, más complejo y más variado de lo que se creía hasta ahora. La explotación de los recursos marinos en esa zona no se limitó a la recolección de moluscos, sino que también incluyó la pesca, aunque no se han conservado muchos restos de ello, probablemente porque la preservación de este tipo de materiales es más delicada o por los mismos hábitos alimentarios de las antiguas poblaciones humanas.

En el trabajo de investigación y análisis, cuyas conclusiones se han publicado en la revista The Journal of Island and Coastal Archaeology, han participado Dídac Román, investigador doctor de excelencia del Plan GenT de la Generalitat Valenciana en el Departamento de Historia, Geografía y Arte de la Universitat Jaume I, y miembro del Grupo de Investigación Pre-EINA; Miguel Martínez Andreu, del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena; Gustay Aguilella, del Servicio de Investigaciones Arqueológicas y Prehistóricas de la Diputación de Castellón, y Josep Maria Fullola y Jordi Nadal, del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas (SERP) de la Universidad de Barcelona, al que también pertenece el primer firmante.

Hasta hace unos años, se conocía poco sobre la economía de los grupos de cazadores-recolectores en el Mediterráneo durante la transición del Pleistoceno (era glaciar, en el Paleolítico) al Holoceno (posglaciación, el momento en el que vivimos actualmente). La mayoría de los estudios realizados en la península ibérica hacían pensar que los lugares de explotación marina se encontraban particularmente en el área cantábrica y atlántica, pero los nuevos datos y estudios aportados por el equipo de investigación permiten cambiar ese paradigma.

Los datos recopilados durante la investigación confirman que el uso de los recursos marinos al final del Paleolítico y durante el Mesolítico en la costa ibérica mediterránea era claramente más habitual de lo que se pensaba con los datos existentes hasta ahora. La presencia de menos evidencias que en el caso de las costas cantábrica y atlántica, donde hay catalogados más lugares de cazadores-recolectores-pescadores, podría deberse a distintas razones: mayor riqueza y diversidad de vida a causa de las corrientes marinas frías, más abundantes en nutrientes; presencia de mareas y otros factores ambientales, y mejor preservación de los lugares a lo largo del tiempo (gracias a una plataforma litoral y una costa más abrupta que los protegió de la progresiva inundación del entorno producida por el deshielo de los polos durante el Holoceno).

 

Los estudios del SERP y el registro catalán

Aunque los resultados del artículo han sido fruto de un verdadero estudio interdisciplinar, en el que los componentes de los diferentes centros de investigación han colaborado para obtener los datos de todas las regiones, el SERP-UB ha liderado dos aspectos clave en la investigación. Por un lado, el análisis de los elementos bioarqueológicos —esencialmente, de los restos faunísticos— sobre los que se fundamentan las conclusiones que permiten demostrar la importancia de los recursos marinos para las últimas comunidades cazadoras-recolectoras de la zona estudiada. Por otro lado, la obtención de dataciones radiocarbónicas en diversos yacimientos, algunos excavados hace unos años y otros en los que se sigue excavando. Estas dataciones son las que han permitido fechar estos eventos de explotación marina entre hace 13.000 y 7.000 años aproximadamente. Por otro lado, los investigadores del SERP se han encargado fundamentalmente de interpretar los datos del área catalana, con la revisión de materiales de antiguas excavaciones que en la actualidad se encuentran en distintos museos.

Entre ellos deben destacarse las colecciones depositadas en el Museo de Arqueología Salvador Vilaseca, de Reus, que alberga materiales procedentes de yacimientos clave para el presente estudio, como los de Camping Salou (Salou) o la cueva del Solà d’en Pep (L’Hospitalet de l’Infant), excavados por Salvador Vilaseca en el siglo pasado. Asimismo, y aunque no se mencionan en el artículo publicado, el SERP está excavando otras estaciones arqueológicas sincrónicas a las del estudio en todo el ámbito catalán. Más allá de evaluar la importancia de la subsistencia de origen marino en las zonas estrictamente costeras, el objetivo de esas prospecciones es intentar valorar también el impacto que este tipo de recursos tuvo entre las últimas poblaciones cazadoras-recolectoras de la región. Así, se han encontrado conchas utilizadas como elementos ornamentales o instrumentales en El Priorat (El Filador y L'Hort de la Boquera), El Moianès (Balma del Gai), La Noguera (cueva de El Parco) o incluso La Cerdanya (Montlleó).

 

Diez yacimientos mediterráneos

Los investigadores han analizado restos de diez yacimientos arqueológicos situados a lo largo de más de 800 kilómetros de la costa mediterránea, desde Tarragona hasta Málaga: en concreto, La Cativera, Camping Salou y Solà d’en Pep (Tarragona); L’Assut y La Cova (Castellón); El Collado (Valencia); El Algarrobo, El Caballo y La Higuera (Murcia) y Nerja (Málaga). Al contrario de lo que podría pensarse, los lugares situados en el sur presentan mayor diversidad de recursos (el caso más paradigmático es la cueva de Nerja). La razón sería la entrada de aguas procedentes del océano Atlántico, por su proximidad, y prueba de ello es la presencia de restos de Littorina obtusata, o de especies de climas más fríos, como las de los bacalaos Melanogrammus aeglefinus o Pollachius Pollachius. El Mediterráneo se considera más pobre biológicamente debido a la salinidad, la temperatura, la falta de nutrientes y el carácter imperceptible de las mareas.

En general, la explotación de recursos marinos (sobre todo moluscos) suele ir asociada a una explotación de los invertebrados terrestres (pulmonados) y también a la presencia de restos de mamíferos (ciervo, cabra montés y conejos, entre otros). Pero los investigadores han constatado una reducción de los invertebrados terrestres en favor de los recursos marinos según avanza el tiempo. Esta característica ha podido observarse en los lugares que han conservado restos durante largos periodos cronológicos, como la cueva de Nerja, o en aquellos que presentan cronologías más antiguas, como Camping Salou, La Cova, El Caballo, El Algarrobo y La Higuera. Entre los moluscos estudiados hay erizos de mar (Solà d’en Pep y Nerja), crustáceos (El Caballo) y cefalópodos (Nerja), y entre los peces predominan el besugo en lugares con marismas estacionales (El Collado, El Caballo y La Higuera) y las variedades de bacalao en Nerja, donde también aparecen aves y mamíferos marinos (Monachus Delphinus).

Otro objetivo importante del estudio era evaluar si la ubicación y la explotación podrían estar ligadas a la proximidad del mar. Sin embargo, de acuerdo con los datos obtenidos, en el momento de su ocupación algunos de estos lugares no eran exactamente costeros (La Cova y El Collado, por ejemplo): sus habitantes tenían que desplazarse 30 kilómetros para hacerse con provisiones marinas.

Para calcular la distancia hasta la costa, el equipo de investigación ha empleado datos sobre las fluctuaciones del nivel del mar a finales del Paleolítico y en el Mesolítico.  Se han combinado diferentes modelos digitales del terreno con datos batimétricos, lo que ha permitido simular las distintas posiciones de la costa en rangos, y concretar si se encontraba dentro de las isocronas de dos horas de los yacimientos, distancia que se considera el territorio habitual donde los cazadores-recolectores realizaban sus actividades habitualmente.

La extensión de la plataforma continental y la forma de la costa han sido particularmente importantes para esta investigación. El sudeste de la península es una zona relativamente escarpada con una pequeña plataforma continental que presenta pronunciadas pendientes a gran profundidad, características que la han protegido de cambios orográficos importantes. En cambio, la zona central (Tarragona, Castellón y Valencia) es completamente distinta. La sedimentación del río Ebro condiciona la existencia de una altitud suave y baja en la costa con una gran plataforma continental cuya orografía ha cambiado considerablemente a causa de las transgresiones y regresiones marinas.

 

Referencia del artículo:

Dídac Román, Miguel Martínez-Andreu, Gustau Aguilella, Josep Maria Fullola y Jordi Nadal (2020). «Shellfish collectors on the seashore: the exploitation of the marine environment between the end of the Paleolithic and the Mesolithic in the Mediterranean Iberia». The Journal of Island and Coastal Archaeology, Doi: tandfonline.com/doi/full/10.1080/15564894.2020.1755395

 

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